
Intente respirar. El primer intento sucumbió ante la ráfaga de oraciones envueltas en el humo de las velas. Aquello no era el mundo... inoloro, y casi muerto. ( Shhh... lo volveré a intentar)

En el siguiente intento mejoró. Cambiando un poco la ruta de mis aspiraciones, atraje los aromas de la pasión juvenil, intentos de naturaleza, del hielo penetrado, de dulces en una lejana fiesta infantil y los recuerdos de una joven anciana.
Me entregué a la vida en aquel inhalar, me demostré los colores y, sin embargo, me derroté al exhalar. (¡Callense! Lo intentaré una vez más)

Y pasó... sedado por las partículas de mi tercera inhalación, engañé a mi olfato regalando las aspiración de la vida a mi alrededor, pero éste, descubrió la falsa vida; dedujo cada olor que paso entre mis fosas nasales condenando, discriminando y rechazando todo aquello.
Mientras los olores eran extinguidos ante mi, noté que no solo desaparecían ante mi nariz, también lo hacían ante mis ojos.
(Así descubrí, cómo huele desaparecer)