Dormir

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domingo, 30 de agosto de 2009

NEUROSIS

Al subirse al transporte nuevamente, comenzando el viaje del nuevo día, parecía que amanecía en un nuevo mundo, algo que había percibido antes, lo había aspirado como el aroma de sopa de mamá desde la terraza; lo percibía pero no lo quería aceptar, un mundo nuevo con sostén añejo, con solo tenerlo frente a ella, no pudo soportar… vomitó.

Y el producto aquel no era simple enfermedad, también era realidad, no encontrar su mundo; enmudecieron las nubes juguetonas de las 6:35 am, hizo gritar a la tierra que volaba en la esquina, pero también, lloraron los recuerdos del viejo mundo, entregándose completamente a la nueva era del odio.

“Yes, 'n' how many times can a man turn his head, pretending he just doesn't see?”

Repetía el reproductor, y cantaba la mente, mientras la gente, los humanos odiados seguían pasando frente a ella rápidamente, y se reían de su odio a la misma velocidad que el transporte aceleraba por la avenida más transitada de la ciudad; ciudad, también odiada.

Y sabía que la selva de concreto se la había comido. Paso tiempo para que aceptara su membrecía en el nuevo mundo, en la nueva era y en su nueva actitud.
Casi al terminar el recorrido miró algo perturbador; había varias casas que no estaban al nivel de la calle, tenia que bajar algunos cuantos escalones para entrar a ella, las ventanas estaban al nivel del piso.

Se visualizaba bajando los escalones, entrando a la casa y sentándose en algún sillón, uno que al reposar en el, tu cuerpo se iba hundiendo, tragándote con ese viejo tapiz cubierto por plásticos amarillentos; pensar en cómo bajar a aquella casa le removía el estomago, la cabeza punzaba al ritmo del parpadear y una ola de escalofríos comenzaba a penetrarla desde la punta de las uñas hasta el ombligo. Si, otra vez vomitó.
El joven que estaba a un lado de ella quedó embarrado de aquello, su pantalón fue el más afectado, rápido la chica saco de su bolsa un gran bonche de rollo y limpió lo que pudo.

La universidad, por fin la hora de bajar; camino hacia aquella mini ciudad de cátedra, decidida a odiarla también; caminó rápido para pasar desapercibida como humano; simplemente quería que la vieran como una sombra que vagaba fugaz en los pasillos, pero, disminuyo su velocidad al encontrarse con las ventanas del edificio de Derecho; el reflejo de los cristales se burlaron de sus flacas piernas, le repitieron al pasar – ¡Te sostienes con palillos! ¡Jajaja! ¡Así pronto serás una sombra!- No les contestó, pero esto le dio la razón perfecta para odiar aquel recinto.

Siguió acelerada; llegó, agobiada, cansada y medio muerta, pero llegó.
Dos horas continuas viendo la cara del profesor, veía como el ojo derecho le parpadeaba más que el izquierdo, también las gotas de sudor escurriéndose por la nuca mojando su espalda, las caras de los compañeros que no entendían nada, la cortina que tocaba cada 5 min cuando el viento la movía (Lo más raro, ya que era exacto).

Cuando por fin termino aquel pequeño y nada agobiante viaje entre las múltiples platicas universitarias y doloroso camino a las 10:00 am, pude gritar hacia mis adentros… ¡libertad! .

Regresé a ver los edificios que contenían mi sombra juguetona, quería encontrar alguna otra razón del vivir de cada día, teniendo que seguir el camino  transcurrido por todos, es difícil, no lo entiendo.
Cuando creí que a mi paso estaban las razones para comprender lo que pasaba a mi alrededor, pasó en cámara lenta un viejo conocido desconocido; así es y no exagero, tenía la forma que yo tenía grabada en la mente, pero aun así no lo conocía, era él, aquel que te miente y te quiere a la vez …

martes, 18 de agosto de 2009

...



Perdí completamente la luz de mis madrugadas,
la comprensión de mis mañanas,
mi acompañante de la hirviente taza de cafe...
la silla de ruedas aún se mueve...
te veo sonriendome por toda la casa,
te siento abrazandome en estas noches tan largas.

Abuela, madre, amiga... acabas de nacer.


He perdido, pero espero ganar... busco una nueva dimensión.