Te recuerdo temprano, sin mayores que haceres, esperando alguna llamada, felicitación o algo parecido. Siempre se tardaban, te hacían esperar, era a su tiempo no el tuyo. Te quedabas con las mañanitas y abrazos de mañana apresurados, por ser hora del trabajo. Recuerdo, varias ocasiones, ser tu consuelo; yo solo escuchaba y hacia café, era el unico regalo que podia dar.
Me pareces eterna porque te sueño en lo cotidiano; ahi siempre hay festejos de cumpleaños, café con bolillo y pláticas de desahogo. Te comparto ahora, no importa quién te conoció, yo quiero platicar al que lee, sobre Micaela, la cumpleañera, la que extraño tanto, la que me dejó el vicio del café.
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